epígrafe

Ser marxista en el siglo XXI consiste en tratar de hacer lo que haría hoy Marx no copiar y pegar lo que él decía hace 150 años.

martes, 26 de julio de 2011

Chile, un país donde se tortura.




Por Lorena Cotroneo ( @l_angie28 )

que en Chile se está viviendo la lógica de una "guerra preventiva" en la que los jóvenes que protestan por no tener futuro, los estudiantes que se oponen al lucro en la educación, los trabajadores que luchan por un salario digno y los mapuche que exigen la restitución de sus tierras ancestrales han sido declarados enemigos y son objeto de una brutal represión. Se está configurando un estado policial similar al existente en tiempos de la dictadura militar”

Hervi Lara, académico, integrante del equipo ejecutivo de la Comisión Etica Contra la Tortura agosto de 2008.




El movimiento estudiantil esta haciéndonos volver a pensar y hablar de aquello que ya nadie hablaba, y que ya nadie se ponía a reflexionar, por ser tomado como algo propio de nuestra existencia diaria, me refiero a la injusticia social, me refiero a la mayoría que vive en nuestro país en condiciones inhumanas, todo mientras una minoría abusa a diestra y siniestra, y sí, es una minoría la que tiene el poder y lo usa de maneras aborrecibles. En estos días he visto en los noticieros cómo se criminaliza el movimiento estudiantil y se habla de “anarquistas, bombas molotov, encapuchados, delincuentes, etc” con el fin de clasificar a aquellos que luchan por una causa justa como seres indeseables para nuestro aborrecible sistema. Escuché y ví como se detuvo a un joven, Recaredo Gálves, secretario general de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción, hoy recluido en el manzano. Cómo Carabineros lo golpeó de manera tan bestial que lo dejó inconsciente, cómo una tropa de tiranos vestidos de uniforme no pudo contener a un joven y “tuvo” que golpearlo a tal punto que el médico del hospital al cual fue trasladado lo quería dejar hospitalizado. Cómo estos mismos tiranos deciden cambiar al médico con tal de esconder la magnitud de su falta, actos de tortura perpetrados por quienes se supone deben velar por el bienestar de los ciudadanos, actos de tortura que suceden en nuestras narices en el año 2011, y sí, aquí en Chile. ¿Y entonces qué hacemos? Pues absolutamente nada. Así trabajan los organismos dedicados a realizar estos actos desdeñables, así trabajan los torturadores, los abusadores, desde el poder. Primero presentan los “hechos” absolutamente tergiversados a su favor, creando un verdadero montaje con el fin de criminalizar a la persona en cuestión, así, envilecida la víctima, desmoralizada, el torturador termina cumpliendo con su "deber" profesional: luchar contra amenazas de grandes proporciones, aniquilar al enemigo ¿y quien es el enemigo? un joven estudiante de 21 años, al menos eso intentan hacernos creer.

La tortura y la represión llevada a extremos que atentan contra toda libertad de los ciudadanos consagrada en nuestra hermosa pero reiteradamente violada constitución, sería así el castigo justificado o merecido para la persona que “se mete en problemas”. Si alguien es torturado, "algo habrá hecho para merecer dicho castigo" ya sea causar daño a la tan estimada propiedad privada perteneciente a los mismos desgraciados de siempre, ser anarquista, ser delincuente, atentar contra el orden público o, en la visión maniquea presente en las obtusas mentes de aquellos que dicen estar a cargo de la Seguridad Nacional, o sea, ser sencillamente un opositor. Estos mecanismos que usan aquellos que se echan en el poder cuan hienas después de devorar todo a su paso, son los mecanismos que no buscan otro objetivo que instalar en el colectivo la sensación de que estos “delincuentes” no merecen ninguna piedad, ¿esta es la mano dura de la que tanto hablaba el Sr, Piñera, frasesita de mierda de la que tanto abusó? ¿Esta es la forma de asegurar la paz interior del estado que pretende el tirano de Hinzpeter?. No podemos olvidar que nuestro apernado ministro del Interior ya estuvo involucrado en varios montajes, cabe mencionar las graves acusaciones que hizo en contra del ciudadano pakistaní acusado falsamente de terrorismo, o su esmerada participación en el bullado caso bombas, que no es otra cosa que un montaje articulado por las manos negras de nuestro ministro en conjunto con sus secuaces de la fiscalía sur.

Así estos torturadores vestidos del clásico uniformillo verde se ponen sus cascos, sus máscaras y a vista y paciencia de la ciudadanía reprimen y torturan a aquellos que se manifiestan en contra de un sistema opresor, un sistema que los ha obligado a vivir de las migajas que sobran al rico, al poderoso, que siempre estará sobre ellos. Así estos torturadores asumen sus acciones como un procedimiento cotidiano, de rutina.

Lo que está pasando en nuestro país es que estos personajes que trabajan defendiendo a ese puñado insignificante de poderosos que manejan Chile, no están haciendo otra cosa que instaurar en el inconsciente colectivo la tortura y la represión como un ejercicio legítimo de una función pública. Así la víctima, ese ciudadano cansado de ser abusado en todos los sentidos y formas que este estado policial permite es reducido a un estado de indefensión absoluta, es degradado hasta sentirse completamente impotente y con un sentimiento de incapacidad que lo deja convencido que no es nadie y que nada puede hacer para cambiar el sistema injusto que lo aprisiona hasta dejarle completamente alienado.

Sin embargo, para poder aplicar de forma cotidiana y sistemática la tortura es necesario que exista un torturador creado para aplicarla. En este sentido se podría pensar que estos torturadores son personas distintas, que son seres viles o anormales, pero no es así, son personas que son capaces de golpear a un estudiantes, de aplicar la luma en un joven que expresa su descontento, de golpear con sus chorros de agua a todo aquel que hace uso de su legitimo derecho a protestar, y lejos de no poder dormir, este torturador luego va a misa y en la misma iglesia se encuentra con el hombre que tiene tanto dinero y que sin asco paga el sueldo mínimo a sus trabajadores, y paga una miseria a la mujer que limpia y asea su casa.

Así vemos en la noticias una y otra vez como vilizan a todo aquel que esta en contra de esto, que ya no se sabe como llamarlo, y vemos como dejan libre a un empresario tras atropellar deliberadamente a un carabinero, y en el mismo noticiero vemos como encarcelan a un joven universitario, y es ese precisamente el Chile que tenemos, en donde el empresario es un ciudadano al cual no sólo se le respetan sus derechos, sino también se le conceden gracias que absolutamente nadie que no tenga poder tiene, se le permite que abuse de su poder, que engañe, que pague un sueldo indigno a esos trabajadores que trabajan ya de una manera indigna. Ese mismo empresario que a través de las tarjetas de crédito hunde a la clase trabajadora de nuestro país, ese mismo empresario que tenemos ahora como Presidente, el mismo maldito, la misma mugre. El ver esto cada día asquea, el ver a las personas viviendo una vida indigna, soñando con enviar a sus hijos a la universidad aunque eso se lleve hasta el último peso de sus bolsillos, ganado con esfuerzo, con dolor, con rabia y con tristeza.

Aquellos somos nosotros y somos más, y nos están quitando el único lugar que tenemos para expresar nuestra indignación: la calle. Ningún transeúnte debiese ser obligado a identificarse por parte de un carabinero, sino todo lo contrario, es EL PACO quien debe identificarse ante la comunidad. Y si nosotros somos el enemigo, pues haremos del Estado nuestro enemigo, y si esto ha de convertirse en una lucha para revindicar nuestros derechos, pues que así sea, y si hay que actuar de la misma manera brutal con que ellos nos reprimen, pues...que así sea.

Video: Recaredo detenido por una bomba incendiaria que es arrojada mientras está dentro del carro policial.



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